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Published on 13 noviembre, 2013, by in Planes.

El pequeño pueblo de Zaldibia se extiende a caballo entre Tolosa y Beasain. Rodeada de verdes montañas y bosques prácticamente inexpugnables, se trata de una de las puertas al parque natural de Aralar. Aunque no está claro el origen de su nombre, se dice que podría estar compuesto por las palabras de “zaldi” y “bia”, paso de caballos.

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Si algo hay que destacar de esta localidad son sin duda sus paisajes. La tradicional arquitectura euskalduna, unida a los paisajes verdes de pinos, robles, hayas y eucaliptos dotan a Zaldibia de un ambiente especial. Sin duda, la mejor opción para iniciar una visita por la zona es pasear por sus calles o visitar su iglesia de Santa Fe, construida en siglo XVI en estilo gótico y que da nombre a las fiestas del pueblo. Destacable es también su gastronomía, buena compañera de viaje, y por ello y en pleno corazón del Goierri donde nos encontramos con un caserío restaurado del siglo XVII y a Eneko Azurmendi al frente de sus fogones.

El caserío Lazkao-Etxe se encuentra enclavado en un precioso paraje, cerca del Parque Natural de Aralar. Se trata de un gran caserón que en su interior guarda un precioso agroturismo rural y un restaurante situado en la ganbara dónde se sirven platos tradicionales exquisitos que hacen las delicias de su cada vez más numerosa clientela.Y tras nuestra parada gastronómica continuamos nuestro camino con uno de los rincones menos conocidos pero más bonitos de Zaldibia es la poza y la cascada de Osinberde. Para llegar hasta ella debemos coger el coche, dirigirnos al barrio de Arkana y seguir la carretera hasta su final. Por el camino deberemos prestar atención a todos los caseríos que dejamos a ambos lados de la carretera, sin duda una visión ideal de la tradicional arquitectura euskalduna.

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Aunque parezca que la carretera no tiene final, debemos continuar alrededor de 4km hasta el final de ésta, donde hay un pequeño lugar para aparcar el coche. Aquí nos espera un recorrido de un kilómetro y medio aproximadamente, perfectamente indicado en árboles o muros. Nos adentramos en el bosque siguiendo el recorrido del río en dirección ascendente, dejando por el camino pequeñas cascadas o riachuelos. Pero la joya de la corona se encuentra más delante. Una vez llegado al final del recorrido, nos encontraremos de frente con la cascada y la poza de Osinberde, con aguas totalmente cristalinas y aptas para el consumo. El recorrido no tiene complicaciones, pero conviene emplear un calzado cómodo para evitar sustos.

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Otra de las opciones de la zona es acercase a la pequeña ermita de San Saturnino, a 5 minutos del centro del pueblo, en las campas de Abaltzisketa y a las faldas del Txindoki. En dirección a Larraitz se toma una pequeña desviación a la izquierda que sube hasta ella. Los vecinos de la zona se acercan hasta ella para pedir buena suerte para el ganado y agua en épocas de sequías. Cuenta la leyenda que una vez, tras varias rogativas sin éxito pidiendo lluvia, metieron la talla del santo en un riachuelo cercano. Ese mismo día comenzó a llover con gran fuerza.

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